El Banco Español de Crédito (V): la nueva orientación en el Grupo Santander (1994-2013)

En la primavera de 1994 estuvieron listas para ser ofrecidas al sector privado en pública subasta las 450 millones de acciones de Banesto propiedad del Fondo de Garantía de Depósitos, presentándose ofertas de Argentaria, el Banco Bilbao Vizcaya y el Santander. Aceptado el plan de viabilidad diseñado por cada uno de los concurrentes, la subasta acabaría decidiéndose casi exclusivamente por el precio ofertado. La adjudicación tuvo lugar el 25 de abril de 1994 al Banco Santander, que pagó 762 pesetas por acción frente a las 667 y 566 pesetas ofrecidas respectivamente por Bilbao y Argentaria. La operación costó al banco presidido por Emilio Botín 313.458 millones de pesetas, pero acercaba a la entidad cántabra al tamaño requerido para afianzarse como un banco competitivo en el marco de la próxima Unión Económica y Monetaria Europea. El Santander venía de realizar importantes operaciones societarias en el extranjero, como fueron los acuerdos con Royal Bank of Scotland o First Fidelity Bancorp, pero en el mercado nacional necesitaba un impulso adicional que la adquisición de Banesto podía otorgarle.

En efecto, con la incorporación del Español de Crédito al Grupo Santander las cifras de éste dieron un salto espectacular que supuso un incremento del activo total del 40%, en tanto el número de empleados pasaba de algo más de 12.000 a 29.000 y la red de sucursales—con un carácter complementario entre las dos entidades—crecía en casi 2.400 oficinas. Cierto es que algunos indicadores, como los de rentabilidad, eficiencia, morosidad y solvencia se resintieron, lo que indicaba la gravedad del deterioro sufrido por el balance del Español de Crédito. Junto con su matriz, se incorporaron el Grupo Santander filiales como Bandesco, el Banco de Vitoria, el de Albacete o el Peninsular, cuya licencia fue aprovechada para crear en 1995 Openbank, entidad especializada en banca telefónica, primero, y electrónica después.

Alfredo Sáenz y Emilio Botín celebran el acuerdo para la continuidad del primero al frente de un Banesto ya integrante del Grupo Santander.

Alfredo Sáenz y Emilio Botín celebran el acuerdo para la continuidad del primero al frente de un Banesto ya integrante del Grupo Santander.

Al frente de Banesto fue ratificado Alfredo Sáenz, quien se propuso dotar a la empresa del perfil de una banca comercial eficiente y rentable. Por ello, se dispuso la venta de una gran parte de la cartera industrial del Banco Español de Crédito, así como de sus participaciones en medios de comunicación y en entidades extranjeras. Con la notable excepción del banco portugués Totta & Açores, que resultó de estratégica importancia para la expansión del Santander en el país vecino. Emilio Botín, de acuerdo con las condiciones pactadas en la subasta, anunció, además, que Banesto conservaría su marca comercial propia y su gestión autónoma dentro del Grupo Santander.

Durante los siguientes cuatro años, el equipo de Alfredo Sáenz logró revertir la situación de Banesto, recuperando en un solo ejercicio todos los depósitos retirados a raíz de la intervención y reduciendo la morosidad. Al tiempo, la entidad incorporaba la cultura de gestión del riesgo del Santander, sus procedimientos de auditoría interna y ajustaba a la compatibilidad informática con su matriz la gestión del negocio. En 1998 el balance del Grupo crecía un 20% y el beneficio neto se multiplicaba por dos: lo esencial de la etapa de saneamiento de Banesto había concluido, lo que decidió al Santander a lanzar una OPA por el 98% del capital de la entidad. No obstante, Banesto siguió conservando su autonomía dentro del Grupo Santander.

Tras la incorporación de Alfredo Sáenz al Santander como consejero delegado en febrero de 2002, la presidencia de Banesto recayó en Ana Patricia Botín-Sanz de Sautola y O’Shea, cuya formación bancaria se había desarrollado en J.P. Morgan y diversas filiales del Santander, como Mercado de Capitales, Banco Santander de Negocios y Santander Investment. La nueva presidenta heredaba una sociedad no sólo perfectamente saneada, sino con una operatividad y funcionamiento caracterizados por una elevada eficacia. El equipo de Ana Patricia Botín conservó la autonomía en la gestión que caracterizó la etapa de su predecesor, reorganizó la entidad en dos redes—minorista y mayorista—reestructurando la red de sucursales, captó importantes clientes particulares convencidos del éxito de la fórmula que aunaba en Banesto tradición y modernidad y marcó una especial orientación del negocio hacia las pequeñas y medianas empresas.

Ana Patricia Botín, penúltima presidente del Banco Español de Crédito  (2002-2010).

Ana Patricia Botín, penúltima presidente del Banco Español de Crédito (2002-2010).

Y si los cambios derivados de su adquisición habían transformado la cara del Banco Español de Crédito, de entidad con un fuerte sesgo industrial y un activo gravemente comprometido, en una banca comercial altamente rentable y eficiente, no menos evidentes fueron las transformaciones en el Santander, que si bien impuso un claro modelo de negocio, se benefició pronto de los efectos más positivos de su operación sobre Banesto: no sólo su tamaño se acercó al deseable en el entorno altamente competitivo de la Unión Económica y Monetaria que culminó con la entrada del euro en 2002, sino que también comprendió la necesidad de introducir cambios en la estructura del Grupo que garantizaran la plena operatividad de su funcionamiento: así, Banesto pasó a ser una de las seis nuevas áreas de negocio del Grupo Santander, junto con la Banca Comercial en España y el extranjero, Santander Investment, Banca Corporativa, Tesorería y Mercado de Capitales y Actividades Corporativas.

La marcha de Banesto de Ana Patricia Botín en noviembre de 2010 para dirigir la división británica del Santander dio paso en la presidencia a Antonio Basagoiti-García Tuñón, ex presidente de Unión Fenosa y consejero del Santander. Este cambio en la alta dirección del Banco Español de Crédito, realizado ya en plena crisis financiera y económica, no ha podido obviar la necesitad en el sector de urgentes procesos de redimensionamiento y reestructuración. Por ello, el pasado 17 diciembre el Santander anunció finalmente la liquidación de la marca comercial Banesto y su integración total en el Grupo, junto con su unidad de banca privada, Banif. La entidad que preside Emilio Botín espera lograr por esta operación, que se cerrará en mayo de 2013, unas sinergias valoradas en 520 millones de euros al cabo de tres años, en su mayor parte debidas al cierre de más de 700 sucursales y la supresión de unos 3.000 empleos.

Para saber más:

MARTÍN ACEÑA, Pablo (2007): 1857-2007: Banco Santander, 150 años de historia. Turner. Grupo Santander, Madrid.

La emblemática sede de Banesto en la madrileña calle de Alcalá, obra del arquitecto José Grases Riera (1887).

La emblemática sede de Banesto en la madrileña calle de Alcalá, obra del arquitecto José Grases Riera (1887).

El Banco Español de Crédito (IV): incercia, crisis e intervención (1960-1993)

Las dos décadas siguientes a la salida de Pablo Garnica de la presidencia transcurrieron para la entidad con cierta placidez en el negocio bancario pero con mucho menor dinamismo, circunstancia aprovechada con éxito por sus más directos competidores. No obstante, el Español de Crédito realizó operaciones societarias de cierta relevancia, como la adquisición del Banco Coca en 1978. Además, la mayor liberalización en materia bancaria de los años Sesenta, la aprobación de un marco legislativo propio para la banca industrial y el formidable auge promocional de la década en un contexto de fuerte crecimiento económico, movieron a Banesto a constituir una filial especializada en la gestión de sus negocios industriales: el Banco de Desarrollo Económico Español (Bandesco). Y precisamente fueron sus participaciones industriales, así como las complicaciones en la absorción de algunas entidades como el citado Banco Coca o el Garriga Nogués (1986), las causantes de serios problemas para la entidad cuando el ciclo económico cambió y la crisis se instaló en España a partir del primer oil shock en 1973. El punto más bajo en la trayectoria de Banesto se produjo cuando en 1986 presentó una cuenta de resultados con beneficio cero, lo que testimoniaba las dificultades que esta sociedad atravesó en el curso de la crisis bancaria abierta desde 1977.

Patio de operaciones de la casa central de Banesto

Patio de operaciones de la casa central de Banesto.

La necesaria apertura de la economía española ante los desafíos de su integración en la Comunidad Económica Europea iba forzosamente a cambiar el somnoliento ambiente del negocio bancario de las décadas precedentes, basado en la preservación de un statu quo inalterable que permitía el control escasamente competitivo del mercado del crédito por las grandes sociedades nacionales operantes. Los grandes bancos asumieron el necesario empuje que los vientos del cambio propiciaban y una de las primeras señales de ello en el sector fue la fracasada opa hostil que en 1986 lanzó el Banco de Bilbao sobre Banesto, aprovechando la delicada situación que éste atravesaba. Al margen de operaciones como ésta, la necesidad de alcanzar una mayor escala de negocio que permitiera asumir los desafíos de un marco europeo mucho más competitivo tenía como punto obligatorio de destino los procesos de concentración en el sector bancario español.

Esta necesidad de cambio estuvo en la raíz del intento de fusión amistosa entre Banesto y el Banco Central, que se inició con Pablo Garnica Mansi (1909-2002)—hijo de Garnica Echevarría—en la presidencia de aquél, en tanto desde el Central era Epifanio Ridruejo Brieva—hijo del antiguo consejero delegado de Banesto—quien encabezaba las negociaciones como director general. Sin embargo, y pese al clima de cordialidad que caracterizó las discusiones, la deseada fusión no terminó de materializarse cuando en el invierno de 1988-1989 se constataron profundas divergencias de criterio entre las dos sociedades. La desestimación del proyecto se producía ya con Mario Conde a las riendas de la entidad, quien había desembarcado en Banesto junto a su socio Juan Abelló en los momentos más difíciles de la opa lanzada por el Bilbao. El fracaso de la fusión fue contemplado con preocupación por el Banco de España, que había insistido a las partes implicadas en la conveniencia de alcanzar un pronto acuerdo, consciente de las necesidades del sector en general y de Banesto en particular.

Sin embargo, el ascenso de Mario Conde a la presidencia coincidió con un momento especialmente brillante para la economía española como consecuencia del acceso del país a la Comunidad Económica Europea en 1986 y la entrada de un crecido flujo de capitales extranjeros, por lo que los nubarrones que se cernían sobre el Banco Español de Crédito parecían haberse evaporado tan sólo dos años después. Tanto Banesto como Central salían debilitados tras la renuncia a fusionarse, pero en tanto éste alcanzó un acuerdo de concentración con el Banco Hispano-Americano en 1991, la entidad presidida por Conde optaba por continuar su negocio en solitario. Negocio que durante estos años de euforia económica movió a su alta dirección a una cuestionable y desordenada expansión, aceptando clientes de alto riesgo, optando por inversiones poco afortunadas y elevando el coste financiero de su pasivo muy por encima del de sus competidores. Cuando en 1991 el ciclo económico entró en la fase de una severa crisis, los problemas en Banesto reaparecieron con virulencia.

La operación de salida a bolsa del holding Corporación Industrial Banesto, que agrupaba las participaciones empresariales de la sociedad, se vio frustrada por el desplome bursátil que siguió al desencadenamiento de la Primera Guerra del Golfo y sólo pudieron venderse los títulos de mayor calidad. El resto acabó por constituir un lastre para la cuenta de resultados de Banesto, que entre las crecidas provisiones y el elevado riesgo crediticio asumido vio gravemente dañada su solvencia. Ante el deterioro progresivo de la situación, el Banco de España urgió al Español de Crédito a presentar un plan de actuación que incluía un decidido incremento de sus recursos propios. Esta ampliación de capital, que contó con el apoyo de J.P. Morgan, cumplió las expectativas en sus dos primeros tramos, pero cuando en otoño de 1993 se aplazó la tercera fase la autoridad monetaria exigió proyectos adicionales de saneamiento que, finalmente, no lograron obtener la aprobación del supervisor. Para colmo, en el último trimestre de ese año, los inspectores del Banco de España—que llevaban meses sin abandonar la sede de Banesto—detectaron numerosas irregularidades contables, por lo que dado el carácter irreversible de su situación y el riesgo sistémico que implicaba para todo el sector bancario español, el 28 de diciembre de 1993 el Banco de España anunciaba su decisión de intervenir la entidad y sustituir provisionalmente a sus administradores. Al frente del nuevo consejo fue nombrando Alfredo Sáenz Abad, cuyo prestigio se había fraguado en el proceso de saneamiento de Banca Catalana. En poco tiempo, la retirada masiva de depósitos fue frenada y se presentó un programa de reflotamiento que resultó aprobado por el Consejo de Ministros.

Mario Conde comparece ante la prensa tras la intervención de Banesto en diciembre de 1993.

Mario Conde comparece ante la prensa tras la intervención de Banesto en diciembre de 1993.

El agujero patrimonial de la entidad ascendía a 245.000 millones de pesetas, por lo que la situación del Banco Español de Crédito era sin lugar a duda ninguna de quiebra técnica. El plan de saneamiento de Sáenz implicó una reducción de capital—que se saldó con una minusvalía para los accionistas de 320.000 millones de pesetas—y la toma de posición del Fondo de Garantía de Depósitos por valor de 285.000 millones de pesetas.

Para saber más:

MARTÍN ACEÑA, Pablo (2007): 1857-2007: Banco Santander, 150 años de historia. Turner. Grupo Santander, Madrid.

El Banco Español de Crédito (III): de la nacionalización al liderazgo del mercado bancario español (1927-1959)

En la década de 1930 se produjo el relevo generacional en la alta dirección del banco, con la llegada a la presidencia del consejo en 1932 de una figura central en la historia de la entidad: Pablo Garnica Echevarría (1876-1959). Al igual que los dos anteriores presidentes, Gómez-Acebo y García-Prieto, Garnica era una figura destacada del Partido Liberal, al que representó en varias legislaturas como diputado, detentando cartera ministerial por dos veces entre 1918 y 1920.

Pablo Garnica Echevarría (1876-1959), presidente de la entidad durante los años de mayor esplendor.

Pablo Garnica Echevarría (1876-1959), que presidió la entidad durante los años de mayor esplendor.

En 1919 había ingresado en el consejo de Banesto como vocal y en 1923 era designado consejero delegado. Con él ya en la presidencia, el cargo de consejero delegado sería desempeñado por uno de sus más estrechos colaboradores: el banquero soriano Epifanio Ridruejo Botija (1899-1986). El tándem Garnica-Ridruejo enfrentó las difíciles circunstancias de la Guerra Civil, cuando—como la mayor parte de las sociedades bancarias con implantación nacional e incluso la misma moneda nacional—Banesto quedó dividido en dos entidades que tributaban reconocimiento a cada uno de los bandos en liza. La organización operante en la zona sublevada reconstituyó su consejo de administración en la ciudad de Burgos—donde se había localizado también la sede de la Junta Técnica del Estado—y, después, en San Sebastián. Desde Burgos, Pablo Garnica encabezaría el Comité Nacional de la Banca Española, que agrupaba a las entidades de crédito privadas en su relación con el poder público.
Epifanio Ridruejo Botija (1899-1986), que ejerció como consejero delegado durante la presidencia de Garnica Echevarría

Epifanio Ridruejo Botija (1899-1986), que ejerció como consejero delegado durante la presidencia de Garnica Echevarría.

Concluida la guerra y restaurada la unidad monetaria y de negocio, Banesto pasó a ser pieza esencial en el denominado statu quo bancario, o marco legal que garantizaba una estructura estable del sistema financiero español a cambio de severas cortapisas legales a las entidades de crédito—en la apertura de sucursales, operaciones societarias o constitución de nuevas sociedades, por ejemplo—y su supeditación a los intereses y política económica del nuevo Estado Nacional. Gracias a ello, Banesto consolidó su posición como uno de los Cinco Grandes bancos españoles, que posteriormente se convertirían en Siete con la incorporación del Banco Popular y el Santander. En consonancia con el programa de industrialización promovido y tutelado por el Estado desde los principios del intervencionismo, el nacionalismo económico y la autarquía—al menos hasta el año 1959, cuando se implemente el Plan de Estabilización—Banesto fortaleció considerablemente su cartera de participaciones industriales, al tiempo que crecían sus recursos tanto propios como ajenos como resultado de las distintas ampliaciones de capital, por un lado, y la apertura de nuevas sucursales e incorporación de otras entidades—como la adquisición de la S.A Arnús-Garí en 1942 o la toma de control del Banco de Vitoria en 1955 —por otro.

Sala de sesiones del Consejo de Administración del Banco Español de Crédito

Sala de sesiones del Consejo de Administración del Banco Español de Crédito.

Al finalizar la presidencia de Pablo Garnica en 1959 el balance no podía presentar mayor brillantez: el Banco Español de Crédito ocupaba el primer puesto en la dotación de recursos propios y ajenos, así como en el número de sucursales, convirtiéndose en la entidad líder del sistema bancario español.

Para saber más:

BANCO ESPAÑOL DE CRÉDITO (1952): Bodas de Oro. Madrid.

GARCÍA RUIZ, José Luis (2003): “La etapa francesa de un gran banco español: Banesto, 1902-1927”. Ponencia presentada al VIII Congreso de Historia Económica, Santiago de Compostela, 13-16 de septiembre.

GARCÍA RUIZ, José Luis (2007): “Nacionalizando el capital bancario: Banesto y Paribas (1902-1927)”, en Investigaciones de Historia Económica, 9, pp. 79-108.

El Banco Español de Crédito (II): de la fundación a la nacionalización (1902-1927)

La convivencia entre los intereses franceses y españoles, entre el Consejo de Administración y el Comité de París no fue siempre fácil, como se puso de manifiesto cuando surgió la necesidad de definir con precisión el carácter de la entidad y su política de inversiones: si se operaría bajo el molde de un banco de negocios, a imagen de su principal accionista francés y, por tanto, basado fundamentalmente en sus propios recursos; o si se decantaría por el modelo de banca mixta o universal que practicaba la mayoría de las entidades operantes en España. En la práctica, ello suponía una mayor disposición y organización para la captación de recursos ajenos, por lo que la creación de una amplia red de sucursales aparecía como una prioridad irrenunciable en este modelo de negocio. El debate sobre la política de creación de sucursales—y, por tanto, sobre el modelo de negocio bancario a desarrollar—enfrentó en el seno de Banesto a un grupo de accionistas españoles con los defensores de la tesis de Paribas, lo que motivó en 1906 la dimisión del presidente Cayetano Sánchez Bustillo, que sería sustituido por Manuel González-Longoria. El enfrentamiento se cerraba, pues, con una victoria provisional de la postura francesa. Hasta 1910, Banesto tan sólo crearía cinco sucursales (además de la de París, abierta desde la constitución del banco, se localizaban en La Carolina, Linares, Jaén y Almería, plazas todas ellas ligadas a la actividad de compañías mineras de capital francés), que se elevarían a ocho en 1916.

Manuel García Prieto, Marqués de Alhucemas (1859-1938), tercer presidente de Banesto.

Manuel García Prieto, Marqués de Alhucemas (1859-1938), tercer presidente de Banesto.

La muerte de González-Longoria en 1912 abrió la puerta a la posibilidad de cambios en el seno del consejo de Banesto, especialmente tras el nombramiento para el cargo de Manuel García Prieto (1859-1938), prohombre del Partido Liberal español y decidido partidario de una orientación más independiente de la entidad bancaria—en la línea de potenciación de la economía nacional sostenida por el conservador Antonio Maura—auxiliado en la vicepresidencia por su hombre de confianza José Gómez-Acebo Cortina (1860-1932), Marqués de Cortina. Dada la intensa actividad política de García Prieto, que formó gobierno en 1917, Gómez-Acebo pasaría a ocupar la presidencia ese mismo año. Desde su creación, y durante todo el período de la Restauración, el Banco Español de Crédito mantuvo fuertes vínculos con el Partido Liberal, integrando entre sus mayores accionistas a cuatro destacadas familias del liberalismo español: los Martínez Campos, los Gómez-Acebo, los Garnica y los Argüelles.

La coyuntura de la Primera Guerra Mundial se mostró especialmente propicia para los planes nacionalizadores de la alta dirección de Banesto. Naturalmente, la entidad española acudió en socorro de Francia durante los momentos más críticos de la Gran Guerra, comprando en París deuda pública, remesando crecidas cantidades en francos e incluso facilitando la compra de francos a cambio de oro cuando la cotización de la divisa francesa cayó lastrada por el esfuerzo bélico y una balanza comercial negativa. El episodio más simbólico llegaría a ser la custodia de los depósitos del Banco de Francia en la sucursal parisina de Banesto, al amparo del pabellón español que garantizaba la neutralidad. Pero ello no impidió que el consejo de administración del banco español insistiera en sus planes para alcanzar una mayor independencia en la gestión de la entidad y orientara decididamente sus recursos hacia la economía nacional. Cierto es que de la mano de Paribas, Banesto había participado desde 1902 en numerosas operaciones financieras en Europa (empréstitos a Bulgaria, Rumanía, Serbia, Rusia y los ferrocarriles suizos), América (con inversiones en México, Argentina, Panamá y Uruguay), África (empréstitos al Sultán de Marruecos e inversiones en el Crédit Foncier Egyptien) y Asia (suscripción de obligaciones de los gobiernos turco, chino y japonés), pero a cambio de una menor atención a su mercado nacional y al desarrollo de una red de sucursales propia. Esta situación cambiaría a partir de 1918, cuando las sucursales de Banesto alcanzaron el número de 13, que se elevarían a 21 en 1920, 124 en 1925, 343 en 1930 y 362 en 1935. La entidad española había iniciado decididamente el camino para convertirse en un gran banco de depósitos, en uno de los primeros del país.

José Gómez-Acebo, Marqués de Cortina (1860-1932), cuarto presidente de Banesto y verdadero artífice de la nacionalización de la entidad.

José Gómez-Acebo, Marqués de Cortina (1860-1932), cuarto presidente de Banesto y verdadero artífice de la nacionalización de la entidad.

Las circunstancias de la Gran Guerra habían sido determinantes en esto, pues con la depreciación del franco se había abierto la puerta al pago de las exportaciones españolas en activos denominados en pesetas y en oro, lo que impulsó la repatriación de un gran número de acciones de empresas españolas en manos de residentes en el exterior. Con ello, la presencia de accionistas franceses se redujo drásticamente, reforzando paralelamente la posición de los inversores y directivos españoles. Una consecuencia de ello fue el cierre de la sucursal de París para constituir en 1920 el nuevo Banque Française et Espagnole, donde participaban también el Banco Urquijo, el Vizcaya y el propio Paribas. La vida de esta entidad fue breve y sin especial brillo, liquidándose en 1928. Para entonces, la influencia y el número de los accionistas franceses se había reducido de tal forma que el año anterior los estatutos se habían modificado para suprimir el Comité de París, residuo prácticamente decorativo de un período ya finiquitado. La nueva senda de Banesto tras la Primera Guerra Mundial como entidad gestionada por y para los intereses de sus inversores españoles parecía simbolizarse en la inauguración por el rey Alfonso XIII de su nueva sede en la calle de Alcalá, esquina a la de Sevilla, el 6 de mayo de 1922.

De forma paralela a este proceso de nacionalización de la entidad, como su necesaria contraparte, se produjo su expansión territorial sobre la base de un aumento de los recursos propios, que se elevaron a 50 millones de pesetas en 1919. Con ello se abordó no sólo la apertura de nuevas sucursales, sino también la adquisición de otras entidades, como fueron el Banco Comercial de Valencia (1927), el Banco de Burgos (1928), el Banco de Oviedo (1920) o el Banco Gijonés de Crédito (1932), por citar algunos. Con esta nueva estructura ampliada para la captación de pasivo, su orientación como banco mixto se vio reforzada, dedicando crecientes recursos a la promoción de nuevas empresas.

Inauguración el 6 de mayo de 1922 de la nueva sede social de Banesto en la madrileña C/ de Alcalá, con la presencia del rey Alfonso XIII.

Inauguración el 6 de mayo de 1922 de la nueva sede social de Banesto en la madrileña C/ de Alcalá, con la presencia del rey Alfonso XIII.

En ello coincidió con el nacionalismo económico de corte estatalista que, iniciado en los primeros años del siglo XX, alcanzó un particular desarrollo durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) gracias a la iniciativa de su ministro de Hacienda, José Calvo Sotelo. Así cabe explicar la participación de Banesto en la constitución de la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos (CEPSA), pese a la animadversión del gobierno del dictador hacia los hombres de la alta dirección del banco, muy vinculados al régimen anterior. Tanto fue así que el ex presidente de la entidad, Manuel García Prieto, fue confinado por la dictadura en la isla de Fuerteventura en 1924 debido a un artículo con su firma aparecido en La Actualidad Financiera. Y si bien durante el período anterior el consejo de Banesto y el de ministros parecían haber trabajado en una muy estrecha sintonía, convergiendo en sus intereses, durante la dictadura primorriverista esta colaboración cesó bruscamente, reanudándose sólo tras la caída del dictador y en los primeros años de la Segunda República. Cuando en noviembre de 1932 falleció el presidente José Gómez-Acebo, Marqués de Cortina, una gran parte de sus proyectos de expansión y consolidación para el Banco Español de Crédito habíanse cumplido y la entidad se había situado entre los tres mayores bancos del país, excluyendo el de España: el tercero en recursos propios—siguiendo al Central e Hispano-Americano—el segundo en compensación bancaria, en beneficios y en recursos ajenos, siempre tras el Hispano. Esta capacidad para la captación de depósitos era la consecuencia de una decidida apuesta que tanto Gómez-Acebo como García Prieto habían formulado para tejer la gran red de sucursales en la que Banesto era en 1931 líder absoluto en el mercado bancario nacional: 399 sucursales contra las 143 del segundo posicionado, el Banco Hispano-Americano. El Español de Crédito se había posicionado sólidamente como un gran banco nacional, acompañado entre los “Cinco Grandes” por el Central, Hispano, Bilbao y Vizcaya.

Para saber más:

GARCÍA RUIZ, José Luis (2003): “La etapa francesa de un gran banco español: Banesto, 1902-1927”. Ponencia presentada al VIII Congreso de Historia Económica, Santiago de Compostela, 13-16 de septiembre.

GARCÍA RUIZ, José Luis (2007): “Nacionalizando el capital bancario: Banesto y Paribas (1902-1927)”, en Investigaciones de Historia Económica, 9, pp. 79-108.

TEDDE DE LORCA, Pedro (1974): “La banca privada española durante la Restauración (1874-1914)”, en TORTELLA CASARES, G. (dir.): La banca español en la Restauración, vol. I. Banco de España, Madrid, pp. 219-458.

El Banco Español de Crédito (I): los orígenes (1856-1902)

El año que acaba de terminar trajo en sus últimos días el anuncio de la absorción y liquidación de una de las entidades bancarias españolas de mayor relevancia histórica: el Banco Español de Crédito, cuya marca desaparecerá para integrarse plenamente su negocio en el Grupo Santander a partir de mayo de 2013. Con este motivo, iniciamos hoy una serie de artículos que repasarán la trayectoria más que centenaria de Banesto.

El Banco Español de Crédito había sido constituido el 1 de mayo de 1902 sobre la base de la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español, la más importante de las sociedades de crédito operantes en el país y constituida en 1856 por los financieros franceses Isaac y Émile Péreire como filial de su célebre Crédit Mobilier, la institución que durante el Segundo Imperio (1852-1870) había revolucionado las finanzas francesas con su capitalismo popular avant la lettre, preocupado por reunir tanto los grandes capitales como los más pequeños y destinándolos a las más diversas inversiones en ferrocarriles, compañías de seguros, líneas trasatlánticas, infraestructuras urbanas e incluso los planes de remodelación urbanística de la capital auspiciados por el prefecto de París, el Barón Haussmann.

Los hermanos Émile (1800-1875) e Isaac (1806-1880) Péreire, fundadores del francés Crédit Mobiliere (1852) y de su filial la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español (1856).

En España, la filial creada por los Péreire continuó su política de inversiones muy alejada del tradicional crédito comercial a corto plazo, atenuando el riesgo con una crecida suma desembolsada como capital. La principal de sus inversiones fue la Compañía de los Caminos de Hierro de Norte de España, que había de construir el ferrocarril que uniría Madrid con Valladolid, Burgos y Francia a través de Miranda de Ebro. Pero, además, el Crédito Mobiliario Español destinó un porcentaje apreciable de sus recursos a la dotación de infraestructuras de gas a Madrid, compañías de seguros y deuda pública española, junto con otras inversiones exteriores como la Compagnie des Chemins de fer du Midi, la Banque Impériale Ottomane, la Compagnie Parisienne d’Eclairage et de Chauffage par la Gaz de Philippe Le Bon, la Compagnie Inmobiliére de Paris o la International Financial Society, con sede en Londres.

Como cabía esperar, la trayectoria del Crédito Mobiliario Español se vio fuertemente sacudida por la crisis ferroviaria desatada en España a partir de 1866, complicándose aún más por la delicada situación financiera de su matriz francesa. Los riesgos derivados de esta última fueron neutralizados mediante una amplia operación de autocartera que supuso la adquisición de las 57.000 acciones que la sociedad francesa aún poseía de su filial española. En cuanto a la crisis ferroviaria, se alcanzó un audaz acuerdo con la Compañía del Norte para aceptar el pago de su deuda en obligaciones de la sociedad ferroviaria. Gracias a estas dos inteligentes operaciones, el Crédito Mobiliario Español logró sobrevivir a la destructiva crisis financiera de la década de 1860, desarrollándose su negocio durante los siguientes diez años bajo la tónica de los buenos resultados, en parte alcanzados en operaciones conjuntas con el Banco de España.

La primera sede del Banco Español de Crédito en el madrileño Paseo de Recoletos.

No obstante, la relajación de los lazos con la sociedad matriz francesa y el debilitamiento de sus inversiones ferroviarias terminaron por lastrar la marcha del Crédito Mobiliario, que en 1882 ya abordó un primer intento por reconvertir y ampliar su actividad crediticia a través de la constitución del Banco Español de Crédito, en colaboración con otras entidades francesas y el Banco Hispano-Colonial, con sede en Barcelona y vinculado al poderoso grupo empresarial del Marqués de Comillas. Sin embargo, el crash bursátil de ese año frustró el proyecto de refundación de la sociedad de crédito, que vio sus resultados igualmente mermados por la crisis de la peseta originada en las guerras coloniales y el aumento de la deuda pública a ellas asociada, así como por la conversión de su capital en obligaciones con cupones pagaderos en oro. Finalmente, el proyecto de reconstitución pudo hacerse realidad el 1 de mayo de 1902, cerrado el agitado período que condujo a la pérdida de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898 y estabilizada la hacienda española bajo la dirección del ministro Raimundo Fernández Villaverde. Éste pasaría a formar parte del consejo de administración de la recién constituida entidad en la que, no obstante, el peso de los inversores franceses iba a seguir siendo fundamental.

Cayetano Sánchez Bustillo (1839-1908), primer presidente del Banco Español de Crédito.

Ya que si bien la presidencia del consejo quedaría a cargo de Cayetano Sánchez Bustillo (1839-1908), senador más tarde llamado a ocupar la cartera de Hacienda en el Gobierno de España, la vicepresidencia recaía en el francés Gustave Péreire y la dirección general en su compatriota Leon Cocagne. Del capital de la nueva entidad, el Crédito Mobiliario Español tomaba el 30%, en tanto que el 40% quedaba en manos de la entidad de negocios francesa Banque de Paris et des Pays-Bas (Paribas). La influencia francesa se dejaría sentir profundamente en la constitución de un poderoso Comité de Paris al que con frecuencia habría de consultar el Consejo de Administración en Madrid, así como en la reserva a favor de Paribas del 40% de los negocios no corrientes en España que convinieran a esta entidad.

Para saber más:

GARCÍA RUIZ, José Luis (2007): “Nacionalizando el capital bancario: Banesto y Paribas (1902-1927)”, en Investigaciones de Historia Económica, 9, pp. 79-108.
SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Nicolás (1966): “De los orígenes del capital financiero: la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español, 1856-1902”, en Moneda y Crédito, 97, pp. 29-67.
TEDDE DE LORCA, Pedro (1974): “La banca privada española durante la Restauración (1874-1914)”, en TORTELLA CASARES, G. (dir.): La banca español en la Restauración, vol. I. Banco de España, Madrid, pp. 219-458.

Presentado el Archivo Histórico Banco Santander y su portal web

El pasado lunes, 3 de diciembre, tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de Cantabria la presentación del Archivo Histórico Banco Santander. El acto contó con la presencia destacada del Director General de Recursos Humanos del Grupo Santander, José Luis Gómez Alciturri, y del presidente de la Fundación UCEIF y rector de la Universidad de Cantabria, José Carlos Gómez Sal, quienes resaltaron la importancia de este proyecto tanto para el Banco Santander y la Universidad de Cantabria como para la comunidad académica e investigadora en general.

Intervinientes en la presentación del Archivo Histórico Banco Santander. De izquierda a derecha: F.J. Martínez, J.C. Gómez Sal, J.L. Gómez Alciturri y J.A. Gutiérrez Sebares. (Foto: J.M. del Campo).


Junto a ellos participaron en la mesa presidencial el Director General de la Fundación UCEIF, Francisco Javier Martínez García, quien aprovechó su intervención para repasar el objetivo con el que se creó el proyecto en 2008: la organización, preservación y custodia de los fondos patrimoniales del Banco Santander y su puesta a disposición de académicos e investigadores. Resaltó así lo que el Archivo supone para la salvaguarda de los fondos y concluyó agradeciendo al equipo que le conforma su trabajo durante estos años. Tras él, tomó la palabra el responsable del Archivo Histórico Banco Santander, José Antonio Gutiérrez Sebares, quien explicó la importancia del conocimiento histórico como instrumento de prevención de las crisis financieras y apoyó su intervención con referencias a algunos de los autores más destacados en el campo de la Historia económica, como John Kenneth Galbraith, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, que respaldan el uso de las ciencias históricas en su función de fuente de experiencia para evitar situaciones económicas como la presente.

Finalizadas las cuatro intervenciones se proyectó un vídeo del portal web del Archivo Histórico Banco Santander, www.archivohistoricosantander.com. En él se mostró el acceso electrónico que dicha entidad inaugura para la consulta de los más de 17.000 documentos que ya están a disposición de los usuarios, la biblioteca especializada en temas histórico financieros, las efemérides, galerías fotográficas, vídeos, noticias, enlaces a las redes sociales, etc.

De este modo queda ya a disposición de todos los usuarios—tanto de los investigadores especializados en la historia financiera como del público general interesado en conocer la historia de nuestras instituciones crediticias—el primer archivo bancario digital de la red.

Próxima presentación del Archivo Histórico Banco Santander

El próximo lunes, 3 de diciembre, tendrá lugar a las 12:00 horas la presentación del Archivo Histórico Banco Santander en la Sala Fray Antonio de Guevara del Paraninfo de la Universidad de Cantabria, con la asistencia del presidente de la Fundación UCEIF y rector de la universidad, José Carlos Gómez Sal, y el director de Santander Universidades, José Antonio Villasante, entre otras autoridades académicas y responsables de la entidad bancaria. En el acto también se presentará el portal web de esta institución archivística.

El Archivo Histórico Banco Santander se constituyó a través de un acuerdo de colaboración entre Banco Santander y la Fundación de la Universidad de Cantabria para el Estudio e Investigación del Sector Financiero. Este acuerdo confiaba a la Fundación UCEIF la recuperación, organización, preservación, custodia y puesta a disposición de la comunidad académica e investigadora de la documentación de carácter histórico generada por Banco Santander y otras instituciones creadas o adquiridas por éste en su ya larga historia.

Billete de 1.000 reales emitido por el Banco de Santander en 1858. Colección Fundación Santander.

El objetivo esencial de esta institución es contribuir a la difusión del conocimiento a través de aquéllas personas que se dedican al estudio de la historia económica y financiera en los distintos ámbitos de la universidad y la investigación.

Para ello, el Archivo Histórico Banco Santander pone a disposición de los usuarios sus más de 17.000 documentos, entre los que el más antiguo se remonta al año 1565. Esta masa documental aparece organizada en 24 fondos correspondientes a otras tantas entidades bancarias, destacando el del propio Banco Santander y otras sociedades de la gran banca madrileña—como el Banco Central o el Hispano Americano—y catalana. El archivo dispone también de una biblioteca especializada en temas histórico financieros y una completa colección de memorias de las principales entidades representadas en él, desde 1857 hasta el presente.

En su labor de servicio al usuario especializado el archivo ha diseñado, en colaboración con la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, un avanzado portal web que permite por primera vez en el ámbito de los estudios sobre la historia bancaria el acceso electrónico al documento a aquellas personas que acrediten su condición de investigadores y vinculación con la vida académica y cultural. Además del servicio personalizado de documentos a requerimiento de los investigadores, el portal cuenta con diversas secciones orientadas a un público más general interesado en la historia bancaria, como galerías fotográficas, vídeos, noticias y presencia en redes sociales que permitan una mayor y mejor comunicación con los usuarios.

Consejo Banco Santander

Consejo del Banco Santander celebrado en 1950 y presidido por Emilio Botín-Sanz de Sautuola y López

Además, y conforme al ámbito de actividad del Banco Santander y su patrimonio documental, el archivo pretende alcanzar a través del uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación un carácter transnacional, objetivo en el que ya se han dado los primeros pasos a través de la colaboración con el London Metropolitan Archive y la catalogación de los fondos de la entidad británica Abbey National.

El Archivo Histórico Banco Santander participa en una exposición sobre Historia de la Contabilidad

Ayer quedó inaugurada en el hall del Palacio de La Magdalena la exposición “Empresas centenarias en la UIMP: Paisajes Contables de Cantabria, 1850-1950”, organizada por el Ilustre Colegio Oficial de Titulados Mercantiles y Empresariales de Cantabria, también conocido como Colegio de Empresistas.

El acto, en el que participaron la Consejera de Economía, Hacienda y Empleo del Gobierno de Cantabria, Cristina Mazas, y el rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Salvador Ordóñez, supuso la presentación de un espacio expositivo en el que, a través de los fondos de diversas empresas con una raigambre histórica en Cantabria, se pretende explicar la labor del contable y el papel de la contabilidad en el desarrollo económico y social, acercando este mundo al ciudadano.

Si bien la exposición ayer inaugurada se prolongará sólo durante unos días, la iniciativa busca alcanzar una mayor continuidad con una segunda muestra en el mes de noviembre y, sobre todo, con la apertura de un Museo de la Contabilidad que pretende convertirse en un punto de referencia activo y dinámico para la investigación sobre la historia de la contabilidad, facilitando la labor de los investigadores y organizando diversas actividades formativas. Los detalles de este ambicioso proyecto pueden consultarse en su página web: www.museodelacontabilidad.es

El proyecto, impulsado por diversas instituciones como el Ayuntamiento de Santander, el Gobierno de Cantabria, la Cámara de Comercio de Santander, la Universidad de Cantabria o la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, busca con esta iniciativa pionera en el ámbito nacional e internacional acercar el ciudadano el mundo de la empresa y reivindicar la relevancia que en tiempo de crisis como la presente tiene la labor del contable como fuente fidedigna de información y herramienta clave para el diagnóstico de la situación actual.

La muestra inaugurada ayer presenta una selección de libros, soportes, documentos y máquinas de diversas empresas con origen o presencia en Cantabria, como el Hotel Real, Global Steel Wire, Minas de Reocín, Nestlé, Solvay o Caja Cantabria, entre otras. También el Banco Santander participa en la iniciativa a través de su Archivo Histórico con el préstamo de diversos documentos y piezas de sus fondos y colecciones. Destaca entre ellos uno de los pocos documentos contables que sobrevivió al incendio sufrido por la sede de la entidad el 29 mayo de 1875: un libro de resguardos de facturas de garantías sobre pagarés cuya primera anotación es de 21 de agosto de 1857, un día después de que el Banco abriera sus puertas al público en la capital cántabra. Además, libros de actas, contables, acciones, bonos, pagarés del período de la Guerra Civil, diversos objetos—como una máquina de cálculo alemana de la década de 1950—y hasta un billete de lotería del primer sorteo tras el fin de la contienda civil, celebrado el 22 de diciembre de 1939, conforman una parte de la participación del Banco Santander en esta interesante iniciativa.

La exposición “Empresas centenarias en la UIMP: Paisajes Contables de Cantabria, 1850-1950” permanecerá abierta en el hall del Palacio de La Magdalena hasta el día 11 de septiembre.

Clausurado el II Aula de Banca de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria

Con el brillante cierre del curso “Las crisis económicas en la historia de España” a cargo del economista Guillermo de la Dehesa el pasado viernes 2 de septiembre se clausuró el II Aula de Banca, fruto de la colaboración entre la Universidad de Cantabria, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y la Fundación UCEIF.

Desarrollada en el marco de los “Veranos Excelentes” que promueve Cantabria Campus Internacional y la colaboración del Banco Santander, esta segunda edición del Aula de Banca contó con tres cursos monográficos centrados en el análisis de la crisis económica. El primero de ellos, celebrado entre el 7 y el 8 de julio con la colaboración de la Secretaría General Iberoamericana, se desarrolló bajo el título “La financiación de las pymes en América Latina en el entorno poscrisis” y contó con la participación de importantes figuras del ámbito económico centro y suramericano pertenecientes al Banco Mundial, la División América del Banco Santander, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Center for Global Research, la Corporación Andina de Fomento, Universidad Politécnica de Cartagena y, en España, la Escuela de Negocios de Caixanova Galicia.

Entre el 19 y el 21 de julio tuvo lugar el curso titulado “La crisis financiera y la recuperación económica mundial: nuevas perspectivas”, dirigido por el catedrático de sociología Mauro F. Guillén, del Joseph H. Lauder Institute y la Wharton School de la Universidad de Pensilvania. Junto con Guillén, destacados profesionales del Colegio de Economistas, la Temple University, la IE Business School, la propia Universidad de Pensilvania y José Luis Gómez Alciturri como Director General de Recursos Humanos del Banco Santander, llevaron a cabo un riguroso acercamiento a las cuestiones más sobresalientes de la presente crisis en un marco internacional, con especial énfasis en el análisis comparativo de las economías estadounidense, británica, alemana y, por supuesto, española.

El tercer y último curso, organizado desde el Archivo Histórico Banco Santander, ha pretendido aportar una visión útil desde el ámbito de la Historia al estudio y los problemas derivados de las crisis económicas, sin caer en el presentismo, pero sin olvidar que los problemas del presente estimulan y posicionan al historiador en el estudio del pasado para comprender su propia realidad contemporánea y poder aportar soluciones a los retos actuales. Con esta perspectiva, el catedrático emérito de la Universidad Pompeu Fabra, Josep Fontana, hizo un repaso por tres momentos de crisis especialmente importantes para comprender la historia de España: la iniciada a finales del siglo XVI, que se prolongaría durante el siglo XVII; la denominada crisis del Antiguo Régimen que se iniciaría a finales del siglo XVIII y, por último, la crisis de los años 1930 que desembocó en la Guerra Civil Española. Puntos esenciales los tres para analizar el momento presente y explicarlo como la crisis de una sociedad y la crisis del Estado.

Por su parte, Antoni Furió, de la Universidad de Valencia, se refirió a la crisis bajomedieval revisando los clichés más extendidos sobre el papel esencial de la epidemia de peste negra iniciada en 1348 y mostrando un panorama económica y demográficamente muy diverso atendiendo a las distintas áreas geográficas estudiadas, más allá de algunas regiones de Francia o Italia ya bien conocidas. Bartolomé Yun, del European University Institute (Florencia) desarrolló un interesante ejercicio histórico para el período moderno, indagando, lejos de la receta mimética o la comparación literal, en aquellos aspectos de la crisis del siglo XVII que pueden arrojar luz sobre el momento actual y, a la inversa, aquellas facetas de la situación presente que pueden ayudar a los historiadores a comprender mejor la coyuntura depresiva de hacer cuatrocientos años.

Sesión vespertina del día 1 de septiembre. En la mesa, de izquierda a derecha, Enrique Llopis (Universidad Complutense de Madrid), José Antonio Gutiérrez Sebares (Archivo Histórico Banco Santander) y Carles Sudrià (Universidad de Barcelona)

La sesión del 1 de septiembre se abrió con la intervención de Enrique Llopis, de la Universidad Complutense de Madrid, quien abordó la denominada crisis del Antiguo Régimen, un período que, más allá de la turbulencia política y social, presentó un carácter doble: por un lado, los años comprendidos aproximadamente entre 1790 y 1815, de retroceso económico evidente por la crisis de las estructuras económicas y políticas propias de un régimen agonizante; y, por otro, entre 1815 y 1850, cuando el país inicia uno de los períodos de crecimiento económico más brillantes de la historia de España. Por la tarde, el profesor Carles Sudrià, de la Universidad de Barcelona, reflexionó sobre una de las crisis más profundas y determinantes del siglo XIX español y una de las que presentó un carácter más netamente nacional: la crisis de la década de 1860. Tras los análisis ya canónicos de Sánchez Albornoz y Tortella, Sudrià justificó la necesidad de revisitar este período de profunda depresión que marcó la configuración del sistema financiero español en la segunda mitad del ochocientos y que presenta inquietantes paralelismos con la crisis presente.

Por la tarde, Jordi Maluquer de Motes, de la Universidad Autónoma de Barcelona, abordó el carácter esquivo de la crisis finisecular y las consecuencias de la pérdida colonial de 1898. Una crisis a menudo poco visible en las estadísticas oficiales pero sin duda de una profunda gravedad que, no obstante, dejó paso hacia 1899 a un período de gran crecimiento económico hasta enlazar con el auge exportador español durante la Primera Guerra Mundial. A continuación, Jordi Palafox, de la Universidad de Valencia, ofreció una visión sobre la crisis contemporánea por excelencia, la que más comparaciones ha motivado por parte de académicos, políticos y periodistas: la Gran Depresión iniciada en octubre de 1929, poniendo un especial interés en sus efectos sobre el desarrollo económico español y deslindando aquellos aspectos que unen y separan aquel episodio de crisis especialmente catastrófica con la situación presente.

Clausura del curso en el Palacio de La Magdalena. De izquierda a derecha: Consuelo Arranza (Vicerrectora de Difusión del Conociemiento y Participación Social de la UC), Guillermo de la Dehesa y Francisco Javier Martínez (Director General de la Fundación UCEIF)


El día 2 de septiembre, en el Salón de Baile del Palacio de La Magdalena, el profesor Carlos Barciela, de la Universidad de Alicante, dirigió una mirada al particular desenvolvimiento, a menudo raquítico o, en cualquier caso, por debajo de su potencial, de la economía española en los años de la dictadura del General Franco, especialmente por contraste con la creación y desarrollo del sistema internacional de Bretton Woods, sus instituciones y políticas, respecto a las cuales la situación española fue casi permanentemente de exclusión. El curso se cerró con la conferencia de Guillermo de la Dehesa, presidente del Center for Economic Policy Research, quien analizó en su intervención la crisis de deuda soberana en la que nos hallamos inmersos, prescribiendo como la única y casi inevitable terapia una mayor integración política, económica y fiscal en el seno de la Europa del euro.

Los resultados y conclusiones del curso “Las crisis económicas en la historia de España” serán publicados próximamente por la Universidad de Cantabria en colaboración con la Fundación UCEIF y el Archivo Histórico Banco Santander.

El Archivo Histórico Banco Santander organiza un curso de verano sobre las crisis económicas en la historia de España

El Archivo Histórico Banco Santander (Fundación de la Universidad de Cantabria para el Estudio e Investigación del Sector Financiero) organiza, en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y la Universidad de Cantabria, el curso “Las crisis económicas en la historia de España”.

El curso, dirigido por José Antonio Gutiérrez Sebares (coordinador del Archivo Histórico Banco Santander) y Francisco Javier Martínez García (Director General de la Fundación UCEIF) se celebrará en Santander entre el próximo 31 de agosto y el 2 de septiembre, dentro de la programación del Aula de Banca de Cantabria Campus Internacional y la XXVII edición de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria.

El curso, como contribución a la búsqueda de respuestas que la Historia debe formular sobre el pasado a la luz de los problemas presentes, quiere ofrecer una panorámica de los distintos procesos de crisis que han afectado a España desde la época medieval hasta la actualidad. La conferencia inaugural será ofrecida por el profesor Josep Fontana i Lázaro, catedrático emérito de la Universidad Pompeu Fabra, quien planteará algunas reflexiones históricas al hilo de la crisis del Estado y la sociedad actual. La crisis bajomedieval será abordada en la conferencia del profesor Antoni Furió, de la Universitat de Valencia, en tanto Bartolomé Yun, del European University Institute, disertará sobre la crisis del siglo XVII.

Concluido el repaso a las crisis de la era preindustrial, el profesor Enrique Llopis (Universidad Complutense de Madrid) abordará el período, rico en contrastes, que España vivió entre la Revolución Francesa y la era ferroviaria. Sobre esta última hará especial hincapié la conferencia del profesor Carles Sudrià, de la Universidad de Barcelona, que desarrollará la relación entre los ferrocarriles, los bancos y el Estado en la crisis de la década de 1860. Por su parte, el profesor Jordi Maluquer (Universidad Autónoma de Barcelona) examinará la crisis finisecular decimonónica y los efectos de la pérdida colonial española en 1898. Las conferencias del día 1 de septiembre concluirán con un análisis del impacto de la depresión de 1929 en España ofrecido por el profesor Jordi Palafox, de la Universidad de Valencia.

El último día, el profesor Carlos Barciela, de la Universidad de Alicante, expondrá en su intervención las relaciones que durante el período franquista vincularon la intervención estatal y la crisis económica. Por último, la conferencia de clausura a cargo de Guillermo de la Dehesa, presidente del Center for Economic Policy Research, abordará los aspectos más importante de la crisis presente.
Más información disponible en la Secretaría de Alumnos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Tlf: 942 298 810) y en la Secretaría “Cursos de Verano” de la Universidad de Cantabria (942 201 616).